Ultra Trail San Sebastián Bernal

Ultra Trail San Sebastián Bernal

Crónica Ultra Trail San Sebastián Bernal

“El objetivo de la vida es hacer que los latidos de tu corazón coincidan con el latido del universo,
para que tu coincidas con la naturaleza.” Joseph Campbell.

 

Las Nubes en Bernal.
Por Adrián Miranda

La frase de Campbell a mi parecer, logra tenuemente describir la inverosímil experiencia de haber corrido el Xtrail edición San Sebastián Bernal el pasado primero de diciembre 2018. Cuando aludo a lo tenue, no tiene que ver con Campbell, sino simplemente hay cosas que deben vivirse pues no hay forma de asemejarlas de otra manera; agradezco este espacio a los valiosos amigos de Trail Running en México, debo confesarles que con humildad reconozco qué para poder compartirlo experimentado ese día, hubiese sido que mejor se valieran de buscar un poeta que con expresión literaria, describiese lo que vimos y sentimos ahí, pero me arriesgare con mis escasas herramientas intentando bosquejar los siguientes renglones.

Para los que llegamos horas antes de las siete de la mañana, fuimos víctimas inmediatas del fresco sereno de Bernal, pero prontamente fuimos capaces de olvidarnos del frio, al contemplar la magnánima imagen del tercer monolito más grande del mundo, el cual aparecía como el actor principal de una obra teatral, como la musa retratada en el óleo, o el “increscendo” de una sonata, así la Peña de Bernal empezaba a brillar en tonos dorados a la par de los primeros rayos del día.

Corredoras y corredores de diversos lados de la república y del extranjero, fuimos citados en la explanada del pueblo de Bernal, tres distancias, diferentes rutas, pero estando ahí éramos iguales, compartíamos los nervios típicos de cada carrera, y más aún la expectativa de lo que se encontrara en la montaña, embelesados con la belleza alrededor. Después del disparo de salida, quizá el primer kilómetro se desarrolló dentro de las callecitas del pueblo, las miradas de extrañeza de los lugareños esbozaban una sonrisa, y las cortinas de los locales comerciales empezaban acompañar el sonido matutino junto con los primeros escobazos de las cafeterías, el olor a café y pan fresco, escoltaban nuestros pasos, “-al bajar no olviden comprar aquí su agüita-” nos sacó la sonrisa la voz de una comerciante de edad mayor.

Después de eso, fueron entre seis o siete kilómetros pendiente arriba, yo no sabía con exactitud hasta donde llegaríamos, cual sería mi sorpresa de lo que estaría por venir. Las faldas de la Peña acompañaban paisajes de flora y fauna que contrarrestaban la apariencia de diversos climas, todos en un mismo lugar. Alrededor del kilómetro cuatro, al subir la mirada me percaté que los corredores se detenían, supuse que eran los estragos del esfuerzo de la pendiente que orillaban a hacer una pausa, o quizá el ritmo, mi reloj marcaba los 160 latidos por minuto a un ritmo semi lento, pero no era nada de eso, inevitablemente caí en el mismo asombro que los demás, la belleza del costado de la Peña era una batalla entre luz y sombra, que aparentaba una división radical en dos polos, colores plata por un lado y oro del otro, no estoy seguro pero quise pensar que dicha vista solo era apreciable por los lugareños, o personas gustosas del senderismo y trail, pues bien el espectáculo aún estaba por venir.

Mientras seguíamos subiendo, me empezó a ser interesante un comportamiento común, aclaro probablemente solo sea una interpretación, empero me pareció denotar que los corredores (en su mayoría) dejaron de interesarse por el tiempo a hacer, la distancia que faltaba, el lugar en el que se iba, lo verdaderamente relevante, estaba a nuestro alrededor, las pausas que hacíamos se empezaron a multiplicar, dos, cuatro, ¿seis veces?, ya daba igual, no importaba, todos queríamos ver el panorama, algunos tomaban fotos, otros solo queríamos observar, algunos buscaban un espacio entre las rocas para sentarse a contemplar unos minutos, -“falta un kilómetro para subir, es hasta las antenas, allá te quedaras boquiabierta”- le dijo una corredora a otra, inevitablemente logro contagiarnos a todos, tal cuales niños acuden acelerados al encuentro de una sorpresa, apresuramos el paso para subir la parte con mayor pendiente del trayecto.

En esa parte me parecía imposible correr, todos subíamos por en un sendero de rocas, y el viento en mi rostro pegaba con mayor firmeza, mi reloj de frecuencia cardiaca rebasaba 170 latidos por minuto, hasta que todo se mostró en su esplendor y se hizo silencio, había llegado a la cima, por un instante nadie hablaba, algunos jadeábamos, pero nadie decía nada, todo era viento y silencio, no había palabras. Efectivamente en la cima había entre cuatro o cinco antenas con banderines quienes eran violentamente azotados por la fuerza del viento, alrededor casi todo era blanco, nubes y más nubes, lo único que atravesaba la capa blanca era precisamente la Peña, quien se resistía a ser opacada por los nimbos, y la cual, ahora parecía un monolito pequeño y distante, resistiendo.

Todos hicimos una larga pausa, nadie quería bajar, no tan rápido, ahora yo opte por buscar un espacio y sentarme unos minutos, -es una carrera hermosa-, pensaba yo mientras a lo lejos escuchaba a un corredor quien,al llegar a la cima, en ingles dijo –bro, it´samazing-, sin duda, todas y todos, pensábamos lo mismo.  Tuve un conflicto dual, quería correr de inmediato hacia bajo y compartir a los míos lo que estaba viendo, pero otra parte de mi quería quedarse más tiempo, hasta que mis ojos se agotaran de la vista, si es que eso era posible.

Quizá estuve en la cima unos diez minutos hasta que emprendí el descenso, el grupo con el que iba se desintegro, bajaron antes, o seguían ahí, no lo sé, a nadie reconocía, no es demeritar, pero el descenso no fue tan espectacular como la primera parte, -ahora si a correr-, me dije, y emprendí una carrera más rápida, si bien había consumido mucho tiempo, había valido mil veces la pena.

Al bajar conversé con algún par de corredores, opinábamos igual, había sido una de las carreras más espectaculares en las que habíamos estado, -correr es más que increíble-, pensé, mientras sondeaba las palabras ideales para poder transmitir a mis familiares lo que había experimentado, pero no me alcanzo, no fue suficiente, como lo es este texto, vívelo, así comencé esta página, si te gusta correr, tienes que vivirlo, no me queda más que decirte.

Adrián Miranda - TrailRunner

Excelente descripción de Adrián ¡Muchas Felicidades!  Adrián fue ganador de un acceso a la carrera para Ultra Trail Sebastián Bernal. Agradecemos a Xtrail México por darnos el acceso y regalarlo  a nuestros seguidores. 

TrailRunning México


“El objetivo de la vida es hacer que los latidos de tu corazón
coincidan con el latido del universo, para que tu coincidas con la naturaleza.”

Joseph Campbell.

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